Mis Putas y Yo (Memorias Tristes). Leed otro poquito más…


MIS PUTAS Y YO (MEMORIAS TRISTES) FRAGMENTO 3.

(…) Me giré y vi a los enterradores dirigirse hacia mi compañero muerto.

Sentí vergüenza de estar empalmado.

“Padre nuestro,

que estás en los cielos,

santificado sea Tu nombre.

Venga a nosotros Tu Reino.

Hágase tu Voluntad,

así en la Tierra como en el Cielo.

El pan nuestro de cada día,

dánosle hoy y

perdona nuestras ofensas

así como nosotros perdonamos

a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en la tentación

y líbranos del Mal”.

Y todos: -Amén.

El fastuoso panteón de los Ilmos. y Exmos. Señores Marqueses de xxx nos ofreció el regazo de la sombra de su cúpula involuntariamente.

Abrí el largo abrigo de Vero y la despojé del pantalón oscuro de lana que le regalé en algún cumpleaños o fecha especial y que se ponía porque a mí me encantaba. En mi opinión, le daba aspecto de mujer madura y seria, y eso en ella me volvía loco.

En mi caso sólo tuve que bajar la cremallera de los míos y desabotonar los calzoncillos, tipo boxer y muy ajustados.

Le hice a un lado las bragas de encaje, levanté un poco su pierna derecha con mi brazo y arremetí, porque este es el término más adecuado para describir lo que hice.

Ella era un volcán y su fruto el cráter por donde la lava estaba más cerca del exterior.

Ella era un panal, y dulce y sedosa miel su flujo que acogía aquella profanación del alma con gozo y júbilo, abiertamente y sin barreras.

Con mi abrigo de cuero y el suyo formamos una especie de frágil parapeto, y nos abrazábamos como si la Muerte estuviese acechando para señalarnos con su embriagador aliento el camino perpetuo.

Fue entonces cuando volví a experimentar sensaciones inexplicables que jamás con anterioridad había sentido. Millares de imágenes se agolpaban en mi cerebro. Cientos de emociones bullían en mi corazón. Decenas de sensaciones quemaban mi cuerpo.

Ella gemía dentro de mi boca.

Yo gemía todo dentro de ella.

-¿Por qué no habéis estado cuando lo tapaban? -dijo una voz extrañamente nasal desde algún sitio entre las piedras.

Era el cabrón de Pope, que si mis cuentas no fallaban, a esas horas se habría metido al menos dos gramos de coca.

Paramos nuestro sigiloso y cómplice movimiento siguiendo fundidos en un abrazo. Estábamos seguros de que nos había pillado jodiendo en el entierro de un buen amigo común.

Inexplicablemente en aquel momento y en momentos posteriores, me eché a llorar en el hombro de Verónica. Lloré como creo que no lo hice nunca. Hasta la mujer que quería se sorprendió.

-Tranquilo, hombre, si al final todos vamos al hoyo -trató de consolarme Pope mientras se iba a alguna parte-. Era un tío cojonudo, ¿verdad? Ahora si me disculpáis, iré al tocador a empolvarme la nariz.

¿Que por qué lloré?

No lo sé. Ni siquiera pude explicárselo al amor de mi vida en aquellos momentos. O tal vez no quise admitirlo.

Creo que tenía miedo.

Miedo…

((Memorias Tristes)

((Memorias Tristes)

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~ por Aura G. en 8 diciembre, 2012.

Una respuesta to “Mis Putas y Yo (Memorias Tristes). Leed otro poquito más…”

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