Memorias de un Enterrador. Libro Cuarto. Sinopsis.


Esta es una novela sobre la muerte, sí, pero también sobre la vida. De hecho, diría que es más sobre la vida. Sobre las vidas de singulares y extraordinarios personajes que de un modo y otro guardan alguna relación con un enterrador -que soy yo mismo-, y con un cementerio -que es éste, el mío-. Con un mundo a su alrededor tan cotidiano como mágico e increíble.
Les invito, queridos lectores, queridas lectrices, a pasar la página y sumergirse en él, a descubrirlo, a impregnarse de aires nuevos, de historias diferentes. A conocer a los que dejaron su impronta en estos párrafos y su alma entre las piedras de este Campo santo…
Protagonizan, se mencionan, aparecen por sí mismos o se habla, entre otros muchos, en este Libro Cuarto:

 

De la Guapa, la que decían que era puta y que probablemente lo fuese, pero porque era espía.

Del Barón, que llegó en el 38 al olor de unos escritos secretos, con sus 500 hombres y sus 12 ‘Apóstoles’, coronel nazi, hombre de élite, que ya aparece en el Libro Primero.

Del abuelo de la Guapa, trotamundos, intelectual, revolucionario.

De la curiosa exhumación del cadáver de un sujeto alemán y posterior entierro, en la capilla, y de la aparición del padre Pío, misterioso, con don de lenguas, y muy capacitado. Y de lo que le quitó al muerto.

Del querubín germano, que buscaba lo mismo que el padre Pío.

Del extraño jaleo por la confusión de las órdenes dadas con respecto a la exhumación del alemán, con la intervención de la Embajada de Alemania. Y de la investigación.

De Tanio Sifredi y de su señora esposa, otra vez. De las andanzas y fechorías del primero, y de las tórridas aventuras de la segunda.

De la señora Mariana, madre de Sifredi, y de la vida tan dura que le tocó vivir.

De Loli, esposa de Sifredi. De su crianza en el Mercado de la Cebada como pescadera y de cómo Sifredi la sacó de la miseria y el nauseabundo olor a pescado. De sus primeras relaciones con el Yelero.

De lo que hizo la Falange a este pobre.

De los motivos oscuros que conducían a Sifredi a andar por ahí, a menudo, y casi siempre a deshoras.

Del Mesón del Gatopardo, siendo Gatopardo el dueño.

De cómo echaron a Sifredi del cementerio, y de las molestias que se tomó para volver.

De la historia del ‘Robaniños’.

Del rarísimo ejemplar del Ulyses de Joyce.

Del Grupo de Resistencia 7, revolucionarios.

Del Servicio de Orientación Bibliográfica, durante la Posguerra, encargado de la censura de toda clase de publicaciones.

Del Obispo que quiso ‘correr’ con la Guapa, alias ‘la Chari’.

De Cabanilla, el de la Secreta.

Del pueblo fantasma.

De Tomasín, el Buey, y de Tomasillo, su hijo.

Y tantas otras historias…

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~ por Aura G. en 3 noviembre, 2012.

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