Memorias de un Enterrador. Libro Segundo. 1.


Libro Segundo.

…Decíamos ayer, entre otras cosas, que Tanio Sifredi, el ‘Floristero’, llamado por algunos ‘el de la florería’, hablaba mucho.

Demasiado.

Muchos de los ojos del Cementerio, y de los oídos, eran los suyos.

Un hombrecillo que había sido parido entre dos lápidas, de dos tumbas, con dos trabajos de piedra dura, fría y desangelada.

Y que había mamado de la teta de su madre mirando un crucifijo de yerro, comido de herrumbre, de viejo y de abandonado, clavado frente al que fue el ventanuco de expendeduría de flores en la que su progenitora nació, creció, se relacionó, se reprodujo y murió.

Ya quitaron el crucifijo.

Y lo sustituyeron por una placa conmemorativa, señal de progreso estético.

Y él el ventanuco expendedor, en cuanto heredó el quiosco y con él el negocio tras echar a su hermana a patadas levantando falso testimonio ante el Obispado.

Lo primero que hizo. Tirar el ventanuco y ampliar la portada con aluminios reciclados y ventanales de cristal recogidos de los contenedores de desechos de los albañiles. Lo llevaba en la sangre, el curiosear, la avidez de ver y mirar todo aquello que aconteciese, le incumbiese o no, observar, espiar, y no perder detalle del mundo para luego poder chivarse. Porque era un chivato. Un chivato puesto en el Centro, en torno al punto central y neurálgico así como geográfico del Cementerio que formaba junto a la oficina durante más de un siglo.

Sin olvidar la Capilla.

Vértice del triángulo mágico imaginario.

La capilla.

Que da para mucho, muchísimo, lo poquísimo que se puede ver y ser contado.

Y para muchísimo más, lo oculto, lo que está enterrado.

Y para bastante, aunque con pautas y acotaciones, lo último, lo que ha poco que ha pasado.

La otra noche.

El ruso.

Los turcos.

El búlgaro.

Los griegos.

Y el tipo raro.

Con sus cochazos.

Y sus armas automáticas.

Dos mil quinientos casquillos.

Recogidos y contados uno a uno, por toda aquella extraña gente.

Dos mil quinientos ochenta y uno, exactamente.

Aquella fatídica noche.

Ocurrió.

Se perpetró el intento de asesinato.

Pero no pudieron con él.

El hombre pudo escapar.

El Hombre…

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~ por Aura G. en 23 septiembre, 2012.

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